¿Por qué intento complacer a todo el mundo?

Este artículo se actualizó hace:  10 meses ago

Todos buscamos ser generosos y atender a los demás, porque son cualidades muy valoradas en nuestra sociedad y de ellas depende que vivamos en armonía. Pero ¿qué pasa cuando se transforma en una necesidad? La búsqueda de agradar a los demás puede llevarte a renunciar a tus propios deseos y valores. ¡Y el precio a pagar puede ser muy alto!

complacer

Algunas personas piensan que complacer es lo mismo que ser amables. Y pueden ser muy parecidos, pero… ten cuidado. La amabilidad es un rasgo que, en alguna u otra medida, todos practicamos diariamente. Sin embargo, a veces puede transformarse en un arma de doble filo cuando nos desvivimos por el resto, olvidándonos de nosotros mismos.

Pensemos… ¿Cuántas veces hemos escuchado decir “eres demasiado buena”? No es casualidad que algunas personas sepan exactamente a quién pedirle favores, ya que habrá algún amigo o familiar que sea más complaciente que otro.

Y tú, ¿de qué lado estás? Si eres el que busca complacer a todo el mundo o conoces a alguien que tiene esa cualidad… este artículo es perfecto para ti. La psicología nos enseña por qué nos cuesta decir que no y qué nos ocurre con este extraño fenómeno.

¿Qué es complacer?

El acto de complacer no es algo fácil de comprender. Y es que existen una serie de factores que influyen en toda nuestra forma de ser. Por eso, vamos a partir de una definición precisa sobre qué es complacer.

Si vamos a la definición más sencilla, la Real Academia Española define complacer como: “acceder a lo que otra desea y puede serle útil o agradable” causándole “satisfacción y placer”. Esto ya nos da un indicio sobre lo que queremos explicar.

La investigación de Mirabal (2003) puso en evidencia que la necesidad de complacer tiene su origen en la preocupación por evitar los conflictos. Se trata de un estilo que evita toda confrontación posible y ante los demás produce una impresión de “ser colaborativos”.

¿Cuántas veces has renunciado a tus deseos para evitar que el otro se queje o se enoje? Agradar a los demás nos protege de sentirnos abandonados y poco valorados. Se trata de una dificultad en la comunicación que nos lleva a un lugar pasivo cada vez que existe un conflicto de ideas.

Por su parte, Keyes (1998) plantea que ser complaciente implica una incapacidad para expresar emociones negativas hacia los demás. Aquí va un ejemplo: más de una vez hemos ido a alguna fiesta con tal de no enfadar a nuestros amigos y finalmente ser aceptados por ellos… lo mismo sucede con las modas e incluso con nuestros propios padres.

De esta manera, la complacencia se explica por la búsqueda constante de aceptación social. Y va mucho más allá de querer ser el “chico popular”. El miedo al rechazo provoca que seamos y hagamos todo lo que el otro considera aceptable, incluso en los pequeños detalles.

Entonces… ¿Por qué buscamos la aceptación social todo el tiempo?

Seguramente te estés preguntando por qué buscas agradar a los demás todo el tiempo. La búsqueda constante de aceptación social nos empuja cada vez más a ser esa versión que todos quieren que seamos. La realidad es que no queremos decepcionar a nadie, y por eso creamos una imagen que se ajuste a la expectativa del otro.

Pero ¿qué pasa cuando queremos agradar a todo el mundo a la vez? Sentimos una sobreexigencia desmedida, que se traduce en malestar con uno mismo.

A veces sacamos conclusiones erróneas y llegamos a sentir que no valemos lo suficiente. Por esta razón, nos esforzamos en demasía para agradar a los demás y obtener así la aceptación que no encontramos en nosotros mismos. Así funciona la búsqueda de aceptación social, según lo explican los estudios de Blanco & Díaz (2005).

Para terminar de comprender qué es complacer, debemos aclarar que nadie nace siendo más complaciente que otros. Por eso, a continuación, vamos a explicar cuáles son aquellos factores que nos hacen ser de una forma y no de otra.

Cómo nos influyen los estilos de crianza

Estamos diseñados para vivir en sociedad, y por esa razón tenemos un instinto de ser solidarios. Sentirnos aceptados forma parte de nuestra naturaleza social, y para lograrlo llevamos a cabo conductas diseñadas para gustarle a los otros (Blanco & Díaz, 2005). Esto es algo completamente normal y no hay nada de lo que preocuparse.

El problema surge cuando el complacer transforma tu estilo de vida, afectando todos tus vínculos y tu propia autoestima.

La psicología evidencia que la necesidad de complacer a todo el mundo proviene de estilos de crianza y heridas infantiles que marcaron nuestra forma de responder a las exigencias del entorno (Valdez et. al., 2019).

Durante la infancia empezamos a recibir información del entorno: primero de nuestros padres y luego de maestros y compañeros en la escuela. A partir de estos primeros vínculos, vamos creando una imagen de nosotros mismos y de lo que debemos ser: buenos hijos, buenos alumnos, buenos amigos.

Nuestros estilos de crianza nos dejan una marca, ya que desde pequeños se nos ha dicho que, si hacemos lo que dicen los adultos, obtendremos el cariño del otro. Luego estos patrones se repiten y nos convencemos de que vamos por el camino correcto: acatamos las exigencias del entorno y reproducimos una imagen valorable socialmente.

Consecuencias de vivir complaciendo a los demás

A estas alturas, no es novedad mencionar que ser complaciente puede traer muchas complicaciones en tu día a día. Por eso… ¡no intentes complacer a todo el mundo! Estás a tiempo de tomar las riendas de tu vida. El primer paso es ser consciente del malestar.

Vamos a echarle un vistazo a las principales repercusiones negativas de complacer a todo el mundo:

  • El esfuerzo constante de agradar a los demás te lleva a sacrificarte por ese otro, y te deja como resultado un gran gasto de energía.
  • Dejar que otros elijan siempre puede parecer muy cómodo, pero conlleva una pérdida de la identidad. Llegará un momento en que te sentirás mal con la imagen que intentas sostener de ti mismo.
  • Ser complaciente te deja vulnerable ante la manipulación de los demás.
  • Puede nacer un resentimiento hacia las personas cercanas porque sentirás que te deben algo por todo tu esfuerzo. Incluso aunque el otro no busque manipularte, seguramente pensarás… ¡Pero se aprovecharon de mí! Y al día siguiente te encontrarás de nuevo haciendo favores para ellos.

¿Cómo dejar de complacer?

No existe una fórmula mágica para cambiar de un día a otro. Dejar de ser complaciente es un trabajoso proceso de toma de conciencia, de ir ganando la confianza necesaria para comenzar a ser tú mismo.

No intentes complacer a todo el mundo. Es prácticamente imposible adecuarnos a lo que los demás esperan de ti y tampoco lo puedes controlar. A la larga, terminarás diluyendo tu propia identidad.

Te proponemos una primera tarea: intenta buscar aquellos miedos que escondes detrás de la necesidad de complacer. ¿Tienes miedo al rechazo? ¿Quieres agradar y obtener el respeto de otros? ¿Intentas encajar en tu nuevo grupo de amigos? ¿Qué pasaba cuando eras niño o niña? La observación de tu propia conducta es el primer paso.

Como tarea siguiente, podrás empezar a transitar tu propio camino. ¿Cómo? Identificando qué es lo que realmente quieres. Cuando te llegue una petición por parte del otro, deberás preguntarte qué quieres para ti y nadie más. Deja la aceptación social de lado un segundo.

No se trata de ser egoísta. Es una postura asertiva que te permite mostrarte más fiel ante los demás, y a la larga esas personas te percibirán como más honesto y transparente (Blanco & Díaz, 2005). El respeto no se consigue únicamente siendo complaciente.

Apégate a tu nueva forma de ser, ya aprenderás que la gente siempre estará opinando de algo. ¡Y es imposible evitarlo!

Importante: Este artículo es exclusivamente informativo. En Psicomentando no diagnosticamos ni recomendamos tratamientos. En caso de que necesites ayuda, consultá con un profesional.

Referencias bibliográficas

  • Blanco, A., & Díaz, D. (2005). El bienestar social: su concepto y medición. Psicothema, 17(4), 582-589.
  • Keyes, C. (1998). Social well-being. Social Psychology Quarterly, 61, 121-140.
  • Mirabal, D. (2003). Técnicas para manejo de conflictos, negociación y articulación de alianzas efectivas. Provincia, (10), 53-71.
  • Real Academia Española: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed.
  • Valdez, C. E., Montealegre, A. R. V., Gutiérrez, O. I., & Gamboa, L. V. (2019) La aceptación social y su influencia en el desempeño contextual. Índice, 27, 68.
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