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Autoestima es un concepto muy escuchado últimamente. En los últimos años ha recibido cada vez más atención por parte de los profesionales de la salud, ya que cumple una función muy importante en nuestra calidad de vida y la prevención de enfermedades.
La autoestima está en la base de casi todos los ámbitos de la vida diaria: el trabajo, la familia, la escuela, los amigos.
Muchas cosas se pueden decir de la autoestima, pero es importante poder definirla de manera precisa y conocer sus características. Luego de esto, el siguiente paso es aprender cómo mejorarla.
¿Qué es autoestima?
La autoestima es un concepto amplio que ha sido definido por muchos autores, y varía en función del paradigma psicológico que lo aborde. Uno de los primeros científicos en estudiar la autoestima fue Maslow (1943), que la ubicaba muy cerca de la cima en la jerarquía de necesidades humanas. Para este autor, la autoestima se relaciona con la necesidad de aprecio hacia uno mismo y por parte de los otros.
Otros estudios más recientes relacionan la autoestima con el autoconcepto (Naranjo & González, 2012). Se entiende al autoconcepto como aquellas creencias y pensamientos que tenemos sobre nosotros mismos, las cuales tomamos como verdaderas. En este sentido, la autoestima es la evaluación y valoración de esas creencias.
Algunas de las preguntas que surgen de la autovaloración son las siguientes: ¿Me gusta como soy? ¿Me siento capaz de lograr lo que me propongo? ¿Soy buena persona?
Para entender mejor el significado de autoestima, podemos empezar por hablar de su origen.
Origen y evolución de la autoestima
Todos los autores en la ciencia coinciden en que la autoestima tiene un origen social. Esto quiere decir que nadie nace con alta o baja autoestima. Es una capacidad que se adquiere y se perfecciona con los años, a medida que vamos relacionándonos con los demás.
Durante la infancia las personas más significativas para nosotros son los padres y todo el entorno familiar. Los estilos de crianza influyen enormemente en los niveles de autoestima. Estos estilos fueron estudiados por García y Sánchez (2005) y se diferencian en:
● Un estilo autoritario que no demuestra afecto y prioriza el cumplimiento de las normas, generando emociones de miedo ante posibles castigos.
● Un estilo permisivo que demuestra altos niveles de afecto, pero no pone límites e incluso mantiene una crianza sobreprotectora.
● Un estilo equilibrado o democrático, caracterizado por una adecuada comunicación y demostraciones de cariño, sin dejar de poner límites.
El último estilo de crianza mencionado es el que se relaciona de manera positiva con una autoestima sana. El niño que crece rodeado de afecto y también conoce los límites, puede ir desarrollando una autocrítica que se ajusta a la realidad y no genera malestar.
Asimismo, la autoestima será la base sobre la que se va construyendo la personalidad en la infancia.
Sin embargo, hay que tener en cuenta algunas salvedades. Aunque la autoestima se mantenga estable durante la infancia, los autores plantean que durante la adolescencia comienza a experimentar cambios y fluctuaciones (Sigüenza Campoverde et. al., 2019). Por eso durante la adolescencia podemos llegar a sentir que vivimos en una “montaña rusa” de emociones.
La adolescencia en sí misma es una etapa vital donde surgen un montón de transformaciones. El adolescente comienza a valorar cada vez más la opinión de sus amigos y estas experiencias van a impactar en la valoración que tiene sobre sí mismo. Y en gran parte este juicio dependerá de la autoestima que este sujeto haya construido en su infancia.
Durante la adultez esta valoración sobre sí mismo va adquiriendo cierta estabilidad, lo que no quiere decir que no pueda modificarse. Como mencionamos anteriormente, esta capacidad puede aprenderse y mejorarse hasta alcanzar un nivel satisfactorio. El desarrollo de la capacidad de autoestima está en la base de muchas psicoterapias.
Ahora bien, hemos arribado a un significado de autoestima y sus características. También observamos cómo va evolucionando a lo largo de la vida temprana. Seguramente ahora te estés preguntando: ¿cómo saber si tengo baja autoestima? ¿cómo impacta en mi vida? ¿cómo subo mi autoestima? Estas son las preguntas que intentaremos responder a continuación.
Claves para reconocer una baja autoestima
Aunque la autoestima parece algo sencilla de identificar, lo cierto es que muchas personas conviven con bajos niveles de autoestima incluso sin saberlo. Poder dar cuenta de aquello que nos incomoda, nos hace ruido o nos genera malestar es un paso importante para cuidar nuestra salud física y psicológica.
Estos son algunos ejemplos que te pueden ayudar a identificar si estás teniendo una baja autoestima:
Culpa excesiva y auto-castigo constante
Puede pasar que al cometer un mínimo error lo generalices y lo uses para despreciar tu propio esfuerzo. En situaciones sociales incluso podés llegar a sentir vergüenza de hablar y decir “algo que no deberías” o de ser humillado por los demás.
Sensación de estar equivocado la mayor parte del tiempo
Esto genera un temor a emitir una opinión o plantear una postura firme, ya que se tiene la sensación de que “el otro sabe más que yo”.
Auto-boicot de los propios proyectos
Los pensamientos negativos y el sentirse incapaz de alcanzar la meta, pueden hacerte desistir en tus proyectos dejándolos a la mitad.
Descreer las opiniones positivas que tienen los demás sobre tu persona
Si alguien te dice algo amable es probable que lo desestimes y te cueste tomar en serio sus palabras.
Presencia de síntomas como ansiedad social y estados de ánimo negativos
Una baja autoestima constante puede derivar en sintomatologías más específicas (a veces sin llegar a un diagnóstico preciso). El temor constante a interactuar con los demás sumado al estado depresivo pueden ser indicadores muy importantes a tener en cuenta.
Claves para desarrollar una autoestima saludable
La autoestima saludable es una capacidad que se puede incentivar en cualquier etapa de la vida. Estos puntos que se muestran a continuación pueden ir convirtiéndose en un hábito que va impactando positivamente en la calidad de vida. Te los describimos a continuación:
Rastrear los orígenes de nuestra baja autoestima
Poder reconocer aquellos estilos de crianza que nos fueron moldeando es fundamental. Nuestra personalidad se configuró mayormente durante la infancia y se ha mantenido estable, lo que no significa que no podamos modificarlo. Saber cómo empezó el problema es el primer paso para cambiar.
Tratar de ser imparciales, haciendo el ejercicio de “mirarnos desde afuera”
La objetividad es una capacidad muy valorable, ya que a partir de ella podemos ser más justos con nosotros. Cuando cometemos un error o no logramos los objetivos esperados, lo ideal es tratar de vernos desde afuera como si estuviéramos juzgando a otra persona. La autocrítica saludable es algo que se entrena con el tiempo.
Comenzar a poner límites a las opiniones negativas de los demás
Es probable que a lo largo de nuestra vida nos cruzamos con personas que no tienen las mejores intenciones… ni la mejor manera de comunicar sus disconformidades. Es recomendable identificar cuando alguien nos critica de manera peyorativa o agresiva, poniéndole límites de inmediato.
Generar una autonomía
Una clave muy importante es comenzar a buscar espacios de disfrute que sean sólo nuestros y en el que verdaderamente logremos un bienestar. Esta actividad será ideal para no depender de la voluntad o preferencias de los demás. Y aprender algo nuevo siempre nos sube la autoestima.
Establecer metas realistas y a corto plazo
Al contrario del mito social que generalmente escuchamos, ponerse metas ambiciosas no es necesariamente adecuado ni nos asegura el éxito. Estudios en los últimos años (Lamas Rojas, 2008) aseguran que para alcanzar las metas es ideal que éstas sean más ajustadas a la realidad, cortas y sencillas.
De manera que al final del día tendremos una lista de “mini-metas” que fuimos conquistando, lo que nos hará sentir mucho mejor y contribuirá a una autoestima saludable.
Reconocer los propios miedos
Nuestros miedos son límites que tenemos que conocer y utilizar como herramientas. Los miedos pueden ser muchos: a la opinión de los demás, a sentir culpa, a herir a alguien, al fracaso. Estos miedos pueden ser obstáculos en el camino, pero a veces parecen más grandes de lo que verdaderamente son.
Referencias bibliográficas
– García, J. A., & Sánchez, J. M. R. (2005). Prácticas educativas familiares y autoestima. Psicothema, 17(1), 76-82.
– Lamas Rojas, H. (2008). Aprendizaje autorregulado, motivación y rendimiento académico. Liberabit, 14(14), 15-20.
– Maslow, A. H. (1943). A theory of human motivation. Psychological Review, 50(4), 370-96.
– Naranjo, M. D. C. R., & González, A. C. (2012). Autoestima en la adolescencia: análisis y estrategias de intervención. International Journal of Psychology and Psychological Therapy, 12(3), 389-404.
-Sigüenza Campoverde, W. G., Quezada Loaiza, E., & Reyes Toro, M. L. (2019). Autoestima en la adolescencia media y tardía.

Gabriela Millaman Rickert es estudiante avanzada de la carrera de Psicología de la Universidad Nacional de Mar del Plata (República Argentina).



