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¿Alguna vez escuchaste hablar de inteligencia emocional? Seguramente sí. En los últimos años, las personas han comenzado a darle cada vez más importancia a esta capacidad tan indispensable para el desarrollo personal y profesional.
Mucho se ha dicho sobre la excelencia y la valoración de un cociente intelectual alto. Pero… ¿en qué lugar quedan las emociones? Sin dudas, la inteligencia emocional está en la base de la mayoría de nuestras metas diarias y la realización personal.
En este artículo abordaremos en profundidad qué es la inteligencia emocional, cuál es su importancia, en qué ámbitos de la vida diaria la encontramos y de qué manera podemos potenciarla para lograr el éxito personal y profesional.
¿Qué es la inteligencia emocional?
Podemos definir la inteligencia emocional como la capacidad de una persona para reconocer, comprender y manejar sus propias emociones, así como las emociones de los demás.
Fue popularizada por el psicólogo Daniel Goleman en la década de 1990, y ampliamente estudiada por psicólogos de renombre como Salovey y Mayer. Desde entonces, se ha convertido en un tema de gran interés no sólo en la psicología sino también en otras áreas de la vida cotidiana: la escuela, el trabajo, la familia e incluso los deportes.
La inteligencia emocional es importante para mejorar nuestras relaciones interpersonales, ayudarnos a tomar decisiones informadas y adaptarnos a situaciones estresantes.
¿Cuál es su relación con el famoso “cociente intelectual”?
Seguramente has escuchado hablar del famoso cociente intelectual, también conocido simplemente como CI o IQ por sus siglas en inglés. Tradicionalmente, muchas personas han considerado que el cociente intelectual (CI) es un excelente indicador del éxito de una persona, incluso desde niño.
Algunos sostenían que los puntajes en los test de inteligencia estaban directamente relacionados con el rendimiento académico y el desempeño profesional. Sin embargo, ¿esto es así realmente? Sin dudas, el CI es un factor importante para medir la inteligencia, pero… ¡no lo es todo!
Mientras que el CI se enfoca en la capacidad cognitiva general, la IE se enfoca en las habilidades emocionales y sociales. Ambos tipos de habilidades son importantes en la vida, pero la IE puede ser especialmente útil en situaciones sociales y en el lugar de trabajo, donde la habilidad para reconocer y manejar las emociones puede ser crítica para el éxito personal y profesional. Y además, este tipo de habilidades pueden ser evaluadas a través de diferentes test y sus resultados pueden ser fácilmente comparados.
Como revelaron los autores Goleman y Zilli hace dos décadas, en nuestra sociedad contamos con diversos ejemplos que ponen en evidencia que a veces la inteligencia emocional es incluso más deseable que un alto CI. Más adelante hablaremos sobre los beneficios de esta grandiosa habilidad.
Las competencias de la inteligencia emocional
Para continuar, debemos adentrarnos en lo que los autores llaman “competencias de la inteligencia emocional”, también desarrolladas por Goleman. Las competencias de la inteligencia emocional son una serie de habilidades que nos permiten reconocer, comprender y manejar nuestras propias emociones y las emociones de los demás de una manera exitosa.
Autoconciencia emocional
La autoconciencia se refiere a la capacidad de reconocer y comprender nuestras propias emociones, y cómo afectan nuestro comportamiento y pensamiento. En otras palabras, nos permite “leer” nuestras propias emociones y entender cómo nos afectan
Gracias a la autoconciencia emocional, se pueden tomar decisiones más informadas. Por ejemplo, si te sientes ansioso o estresado, es posible que tomes decisiones impulsivas o huyas de situaciones desafiantes. Sin embargo, si eres consciente de tus emociones y cómo están afectando la toma de decisiones, puedes tomar medidas para regularlas a tiempo.
También puedes descubrir que ciertas situaciones siempre te hacen sentir ansioso, o que tu estado de ánimo cambia según el momento del día. En definitiva, la autoconciencia funciona como un “termómetro” de las emociones.
Autocontrol o autorregulación
La autorregulación implica una serie de habilidades, como el autocontrol, la gestión del estrés, la adaptabilidad y la flexibilidad emocional. Esto significa que podemos controlar nuestras emociones y comportamientos, incluso en situaciones desafiantes.
Además, cuando somos capaces de manejar nuestras emociones y comportamientos de manera efectiva, somos menos propensos a actuar impulsivamente o reaccionar exageradamente a los demás.
Empatía: reconocer las emociones en los demás
Por suerte, las personas le damos cada vez más importancia a la empatía, y podemos escuchar sobre ella en medios de comunicación, redes sociales o incluso en las escuelas. Esta competencia implica estar atento a las emociones de los demás, interpretarlas de manera precisa y responder adecuadamente.
Para desarrollar la empatía, es importante practicar la escucha activa y prestar atención a las expresiones faciales y corporales de los demás. También es clave tener en cuenta las diferencias culturales y de personalidad, ya que pueden influir en la manera en que las personas expresan y perciben las emociones.
Motivación y voluntad
Esta competencia de la inteligencia emocional también se la conoce como “automotivación”, y es fundamental para lograr el éxito personal y profesional, ya que ayuda a superar los obstáculos para mantener el enfoque en las metas a largo plazo.
La automotivación, o simplemente motivación, implica ser consciente de las propias emociones y cómo estas pueden afectar el rendimiento. Y más allá de la consciencia, también se trata de tener la capacidad de regular y dirigir esas emociones, incluso en momentos difíciles.
Esta competencia cobra especial importancia en entornos laborales y empresariales, donde la presión y el estrés son habituales.
Habilidad social
La habilidad social implica tener la capacidad de leer y comprender las emociones de los demás, adaptar el propio comportamiento en función de las situaciones y ser capaz de comunicarse de manera efectiva o asertiva. También implica tener una comprensión de las normas sociales y culturales y saber cómo aplicarlas en situaciones sociales.
¿Por qué es importante tener una alta inteligencia emocional?
Antes que nada, debemos aclarar que los niveles de IE en las personas pueden ser distintos. Es decir, a lo largo de tu vida seguramente te habrás cruzado con algunas personas que tenían una baja inteligencia emocional, incluso cuando eran increíblemente habilidosas en otros aspectos.
Por supuesto, a nivel social y laboral, nos daremos cuenta que es más deseable poseer una inteligencia emocional alta ya que, sin dudas, nos permite interactuar con los demás de la forma más madura y saludable posible.
Afortunadamente, la IE es una habilidad que se puede ir desarrollando. Entonces, ¿cuáles son los beneficios de tener una alta inteligencia emocional? Veamos algunos:
- Mejora la toma de decisiones: las personas con alta inteligencia emocional son capaces de reconocer y controlar sus emociones, lo que les permite tomar decisiones más informadas y racionales, sin guiarse por su impulsividad.
- Aumenta la capacidad de liderazgo: permite el desarrollo de habilidades de liderazgo sólidas. Estos líderes pueden motivar a las personas, comunicarse efectivamente y tomar decisiones basadas en la comprensión de las emociones y necesidades de los demás.
- Mejora la capacidad de resolver conflictos: abre la posibilidad de negociar soluciones que satisfagan las necesidades de ambas partes.
- Aumenta la capacidad para manejar el estrés: las personas con alta inteligencia emocional son más resistentes al estrés. Pueden hacer frente a situaciones estresantes de manera efectiva y adaptarse a los cambios.
- Permite un mayor desempeño laboral: del resultado de todos los puntos anteriores podríamos concluir que la inteligencia emocional alta favorece un adecuado desempeño laboral, el trabajo en equipo y la consecución de objetivos comunes.
Explorando métodos para mejorar la inteligencia emocional
Durante un largo tiempo, se creía que las personas nacían con cierta predisposición a ser más habilidosos en alguna u otra área, como una especie de “talento heredado”. Hoy en día, esa idea se trata más de un mito que de una realidad.
La psicología ha demostrado que la gran mayoría de las habilidades, y sobre todo las emocionales, pueden perfeccionarse y mejorarse a lo largo de la vida. La psicóloga norteamericana Carol S. Dweck (2006) señala que existe una “mentalidad fija”, donde se cree que las habilidades son inalterables, y una “mentalidad de crecimiento” que nos ayuda a enfrentar nuevos desafíos gracias a la práctica constante.
Es esta mentalidad de crecimiento la que nos permite ir más allá de nuestros límites y gracias a ella se han encontrado métodos para mejorar destrezas como la inteligencia emocional. Echemos un vistazo a algunos de ellos.
Comunicación asertiva: aprender a expresar las emociones
Una de las claves más importantes para desarrollar la inteligencia emocional, es aprender a expresar las emociones. Puede parecer algo sencillo de decir, pero no es tan fácil llevarlo a la práctica. Todos sabemos que algunas personas son más expresivas que otras. Entonces, ¿cómo lograrlo?
Se puede entrenar esta habilidad socioemocional poco a poco: ¡el lenguaje corporal es más importante de lo que crees! Un gesto, una mirada, una sonrisa o una determinada postura corporal también comunican algo de tus emociones y pueden ayudarte a demostrar interés en los demás.
Saber reconocer y expresar las propias emociones abre la puerta a una comunicación asertiva y efectiva, libre de malentendidos y conflictos. Por ejemplo, alguien asertivo podrá comunicarle al otro si algo le molesta o le pone triste, lo cual es fundamental para no acumular sentimientos de resentimiento.
Ejercitar la autocrítica
La autocrítica puede ayudarte a identificar y reconocer tus propias fortalezas y debilidades emocionales. Puedes identificar patrones que pueden estar limitando tu capacidad para manejar emociones de manera efectiva, lo cual permite encontrar nuevas formas de mejorar y desarrollarse como persona.
Practicar la meditación
Podría decirse que la meditación es la técnica predilecta para aumentar no sólo la inteligencia emocional, sino también otras habilidades asociadas como el control de la ansiedad, la autoestima, la concentración, la creatividad e incluso la salud corporal.
Esta práctica implica atender a la respiración y la observación de los pensamientos y emociones sin juzgarlos. Pero, ¿cómo funciona exactamente la meditación y qué efectos tiene en nosotros?
La meditación puede reducir los niveles de cortisol, una hormona del estrés, y aumentar los niveles de serotonina, una hormona que promueve la sensación de bienestar. Al reducir el estrés y la ansiedad, la meditación puede mejorar la capacidad de autorregulación emocional y la capacidad de tomar decisiones efectivas bajo presión.
Al meditar, podemos aprender a reconocer las emociones y pensamientos negativos y a cultivar una actitud más positiva y compasiva hacia nosotros mismos y hacia los demás.
Para incorporar la meditación en tu rutina diaria, puedes comenzar con sesiones cortas y regulares. Por ejemplo, puedes meditar durante cinco minutos al despertar por la mañana o antes de acostarse por la noche, y también puedes hacerlo con la ayuda de aplicaciones móviles.
La psicoterapia puede ser una gran aliada
La psicoterapia es una valiosa herramienta para desarrollar cada una de las competencias de la inteligencia emocional. De hecho, es posible encontrar psicólogos especializados en el desarrollo de la capacidad de regulación emocional, la autoconciencia, las habilidades sociales, la motivación o la empatía.
Además, un terapeuta puede ayudarte a reconocer patrones de pensamiento y comportamiento que pueden estar causándote estrés, ansiedad, depresión u otros problemas emocionales, y trabajar para desarrollar estrategias de afrontamiento que hagan frente a esos padecimientos.
El papel primordial de la educación emocional
La educación emocional es un proceso pedagógico que tiene como objetivo principal ayudar a las personas a desarrollar habilidades y competencias emocionales. En sencillas palabras: está directamente relacionada con el desarrollo de la inteligencia emocional.
Es común observar que muchas escuelas adaptan sus contenidos para incluir la educación emocional en su currícula. Hoy en día, estamos en condiciones de reconocer que la educación emocional es tan imprescindible como el aprendizaje en matemáticas o literatura, como ha mencionado Bisquerra Alzina en su reconocido libro “Educación emocional y bienestar” (2000).
Y aunque es más habitual pensar la educación emocional en las aulas, es cierto también que este proceso debe sostenerse a lo largo de la vida en tantos otros ámbitos como la universidad, la empresa, la familia y centros de salud.
Hablar de educación emocional ya nos garantiza que la IE puede mejorarse a cualquier edad, desde los más pequeños hasta los adultos mayores. A continuación, nos enfocaremos en una de las etapas más sensibles a este tipo de aprendizajes: las infancias.
La educación emocional para niños: ¿cómo entrenarla?
Seguramente te estés preguntando por dónde empezar y cómo ayudar a los más pequeños a entender su mundo interior. Parece un reto difícil, ¿verdad? ¡Pero no te preocupes! A continuación, te dejamos algunas ideas ingeniosas de educación emocional para impulsar la IE en niños.
- Los adultos pueden servir como modelos para los niños: al expresar tus emociones y demostrar cómo se regula el enojo o la tristeza, el niño podrá tomarte como ejemplo ante situaciones que le generen mucha emocionalidad.
- Permitir la expresión de emociones sin prejuicios: es importante que los niños se sientan seguros de decir cómo se sienten.
- Jugar con las emociones: existen diversos juegos que pueden ayudar a fomentar la inteligencia emocional en niños, tales como “el teatro de las emociones” con personajes e historias repleto de emociones o dibujos y pinturas. Algunas otras ideas interesantes son versiones de juegos clásicos como el dominó o las cartas de memoria, que en lugar de números pueden tener sentimientos.
- Leer cuentos que hablen sobre emociones: durante los años de aprendizaje de la lectoescritura, se pueden aprender las emociones a través de personajes animados fantásticos que le suman un plus de diversión.
Cómo utilizar la inteligencia emocional en la vida diaria
A estas alturas, resulta evidente mencionar que la inteligencia emocional es un factor clave en todo momento y lugar. ¿Dónde vemos la inteligencia emocional? ¡En todas partes!
Piensa en todas las situaciones donde se ponen en juego tus emociones: entrevistas de trabajo, citas, discusiones, exámenes o hasta conduciendo un auto. De hecho, una congestión del tráfico podría ser una situación perfecta para observar cómo las personas regulan sus emociones… ¡más de uno ha perdido los estribos!
Travis Bradberry y Jean Greaves (2009) han dejado en evidencia que la inteligencia emocional permite mejorar la productividad, la creatividad y la satisfacción, sobre todo a nivel laboral. Veamos en profundidad este último ejemplo.
Un ejemplo actual: Inteligencia emocional en el ámbito laboral
Sin dudas, la inteligencia emocional es una de las capacidades que más se buscan en todos los puestos laborales. Gracias a la IE, trabajadores y líderes pueden gestionar sus emociones y la de los demás, posibilitando un adecuado trabajo en equipo. ¿Y quién no aspira a trabajar en un equipo con excelentes relaciones laborales?
No se trata de una hazaña extraordinaria, sino de una meta que puede alcanzarse rápidamente si los miembros de un equipo se preocupan por desarrollar su inteligencia emocional, especialmente los líderes.
El liderazgo y la IE es uno de los grandes temas actuales para la psicología laboral. Por ejemplo, sabemos que un líder emocionalmente inteligente es capaz de inspirar, motivar y guiar a su equipo, creando un clima colaborativo y de confianza. Además, como ya hemos mencionado anteriormente, puede ayudar a enfrentar nuevos desafíos gracias a una constante motivación.
Autores ilustres como Goleman y Zilli (1999) argumentan que la inteligencia emocional puede ser incluso más importante que el cociente intelectual cuando se trata de alcanzar el éxito empresarial.
Las relaciones entre inteligencia emocional y salud mental
Si decimos que la inteligencia emocional y la salud mental están íntimamente relacionadas, no parece ninguna novedad. Sin embargo, ¿de qué manera se vinculan una a la otra? ¿cómo se afectan mutuamente?
Desde Psicomentando, tomamos los aportes del famoso libro “El cerebro emocional” de LeDoux y Bernal (1999). Las investigaciones que toman como ejemplo dejan en evidencia la relación entre el manejo de las emociones y la prevención ante problemas como ansiedad y depresión.
Los autores demuestran cómo el cerebro realmente puede verse afectado por las experiencias emocionales. Veamos más en profundidad tres ejemplos importantes en esta relación entre inteligencia emocional y salud mental.
Una elevada inteligencia emocional indica mayor bienestar
La inteligencia emocional es un gran indicador del grado de autoestima que posee una persona, así como la satisfacción que mantiene en sus relaciones interpersonales. Aunque parezca una frase cliché, es muy importante “estar en paz con uno mismo” y con sus emociones. Si puedes reconocerlas y regularlas, tienes gran parte del terreno ganado.
¿Qué papel cumple la IE en el manejo de la ansiedad?
Sin dudas, una IE elevada permite superar situaciones emocionales complicadas, así como para manejar el estrés y la ansiedad. Se ha demostrado que puede favorecer estrategias de afrontamiento saludables ante el estrés, tales como la búsqueda de apoyo, la descarga emocional, la aceptación o la búsqueda de recompensas alternativas.
Tener ansiedad es inevitable, pero con un alto nivel de inteligencia emocional sabrás cómo enfrentarla y manejarla para que no escale a grados poco saludables. De hecho, podrás utilizar esa misma ansiedad como motivación para afrontar nuevos desafíos.
La IE disminuye la aparición de trastornos
Ha quedado evidenciado que las personas que poseen una alta inteligencia emocional y la han entrenado desde su niñez, son menos propensas a desarrollar trastornos o síntomas en su adultez.
En relación con los dos ejemplos anteriores, un sujeto emocionalmente inteligente tendrá mayor capacidad de resiliencia y estará mejor preparado ante situaciones estresantes.
La inteligencia emocional puede variar según la cultura
En algunas culturas, es más común y aceptado expresar emociones negativas, mientras que en otras se puede considerar más apropiado reprimir o controlar las emociones negativas en público. Esto puede influir en la forma en que las personas se relacionan con los demás.
Por ejemplo, en algunas culturas, como la asiática, se valora más el autocontrol emocional y la modestia, mientras que en otras culturas, como la latina, se valora más la expresión abierta y la intensidad emocional.
Aquello que se considera un adecuado nivel de inteligencia emocional irá variando según la región, así como las diferentes formas de entrenarla.
La inteligencia emocional en la era digital
Por un lado, las redes sociales y la comunicación digital han creado nuevas formas de interacción social, pero también pueden presentar desafíos para la inteligencia emocional.
Por ejemplo, la falta de contacto visual y la limitación en la comunicación no verbal pueden dificultar la interpretación de las emociones de los demás. Además, la inmediatez de las redes sociales puede provocar respuestas impulsivas y emocionales en lugar de una reflexión cuidadosa y racional.
Sin embargo, también existen herramientas digitales que pueden ser utilizadas para desarrollar la IE, como las aplicaciones de meditación y mindfulness, o los juegos interactivos de inteligencia emocional.
Es un excelente momento para aprovechar las nuevas tecnologías y construir nuevas formas de educación emocional en todas las edades. Recuerda… ¡Nunca es tarde para encontrar una mejor versión de tí mismo!
Referencias bibliográficas
- Bisquerra Alzina, R. (2000). Educación emocional y bienestar. Wolters Kluwer.
- Bradberry, T., & Greaves, J. (2009). Emotional Intelligence 2.0. TalentSmart.
- Dweck, C. S. (2006). Mindset: The new psychology of success. Random house.
- Goleman, D. (2020). Emotional intelligence. Bloomsbury Publishing.
- Goleman, D., & Zilli, E. (1999). La inteligencia emocional en la empresa. Javier Vergara.
- LeDoux, J., & Bernal, I. M. (1999). El cerebro emocional. Buenos Aires: Planeta.
- Salovey, P., & Mayer, J. (1990). Inteligencia emocional. Imaginación, conocimiento y personalidad, 9(3), 185-211.

Gabriela Millaman Rickert es estudiante avanzada de la carrera de Psicología de la Universidad Nacional de Mar del Plata (República Argentina).



