Psicólogo en la cárcel: ¿es posible la reinserción social?

¿Alguna vez escuchaste hablar sobre el tratamiento psicológico penitenciario? ¿Qué hace un psicólogo penitenciario? Aunque se trate de un área de la profesión un tanto desconocida, es cierto también que sus tareas son fundamentales.

Desde Psicomentando queremos demostrarte su importancia, y para eso vamos a conocer el papel que cumple el estrecho vínculo entre Psicología Jurídica y Criminología.

¿Qué hace un psicólogo penitenciario?

Vayamos al meollo de la cuestión. ¿Cómo trabaja un psicólogo en la cárcel?

Seguramente habrás escuchado hablar de este intrigante rol profesional, quizás en películas o documentales policiales. Y también es posible que te hayas preguntado si es un trabajo arriesgado o peligroso. ¡Veamos de qué se trata!

En términos generales, la psicología penitenciaria se incluye dentro de la psicología jurídica. Más específicamente, implica aquellos procesos de evaluación e intervención dentro de la cárcel.

Varios autores como Soria Verde (2005), Echeverri-Vera (2010) y Ruiz (2007), le dan mucha importancia a la relación entre psicología jurídica y criminología. Lo que nos dice esta relación es, básicamente, que los psicólogos en la cárcel no trabajan solos: siempre estarán acompañados de otros profesionales como abogados, trabajadores sociales o policías.

Ahora bien, ahora que sabemos con quienes trabajan… ¿qué es lo que hacen realmente?

Por un lado, se ocupan de realizar evaluaciones psicológicas de forma periódica, para hacer un seguimiento de los reclusos en su comportamiento y su día a día en la cárcel.

Por otro lado, brindan algún tratamiento penitenciario que ayude a sostener recursos psicológicos saludables y fomentar la “buena conducta”.

Por supuesto, todo tratamiento psicológico debe ir acompañado de un programa que lo respalde y que incluya actividades laborales o escolares.

¿En qué consiste un tratamiento psicológico penitenciario?

La intervención de un psicólogo en la cárcel empieza desde el primer día que el recluso ingresa a prisión. El profesional debe tener un historial de los internos, sobre sus comportamientos, disturbios, causas penales e incluso, si es posible, conocer algo del historial familiar de cada uno.

Cuando hablamos específicamente del tratamiento psicológico penitenciario, hacemos referencia no sólo al seguimiento habitual del preso, sino que también implica la posibilidad de brindarle un espacio de escucha terapéutica.

El tratamiento penitenciario está dirigido a promover la autoestima, la empatía, la comunicación asertiva, la autonomía y capacidad de tomar decisiones, el bienestar emocional, y lo más importante: la capacidad de tomar consciencia y responsabilidad por lo sucedido (Echeverri-Vera, 2010; Ruiz, 2007).

Tengamos en cuenta que todas las personas encarceladas saldrán en libertad en algún momento. Y el sistema penitenciario debe esforzarse para lograr rehabilitar al recluso, evitando que vuelva a delinquir. Estamos hablando de la tan controvertida reinserción social.

El objetivo principal: la reinserción social de los presos

La reinserción social juvenil y adulta es un tema sumamente complejo, e implica un arduo trabajo colaborativo entre todos los trabajadores del sistema penitenciario. Ya en los últimos años, los expertos en el tema se han preocupado por tomar medidas que eliminen las conductas antisociales.

Es el objetivo último de las intervenciones psicosociales dentro de la cárcel. Pongámoslo en contexto: por un lado, tenemos un sistema que encarcela y castiga… y por otro lado, tenemos un sistema que también se preocupa por la reinserción y rehabilitación social. ¿De qué sirve castigar si el delito puede volver a ser cometido en un futuro?

¿Qué significa reinserción social?

Veamos una sencilla definición de reinserción social: es el proceso que se pone en funcionamiento cuando una persona ha sido privada de su libertad, con el objetivo de restaurar su vínculo con la sociedad en general a partir de una serie de programas (entre los que se incluyen las intervenciones psicológicas).

De hecho, podemos también tomar la definición de “reinsertar” que plantea la Real Academia Española (RAE) como “Volver a integrar en la sociedad a alguien que estaba condenado penalmente o marginado”.

La posibilidad de reinsertar a una persona debe ir acompañada de toda una política que respalde el enfoque de derechos garantistas (De Molina, 1979).

Por ejemplo, aquellas políticas que fomentan la pena de muerte o la cadena perpetua son incompatibles con la concepción que sostiene la posibilidad de rehabilitar a quienes han perturbado la paz social. Tiene como fin evitar la reincidencia.

Por supuesto, cuando hablamos de reinserción y rehabilitación social, la primera pregunta que se nos viene a la mente es “¿Todos los reclusos pueden reinsertarse?” Detrás de esta pregunta, se esconde todo un conjunto de problemas de la reinserción social en México y Latinoamérica.

A continuación, vamos a profundizar en esa controversia que se mantiene hasta nuestros días.

Reinserción y rehabilitación social: ¿siempre es posible?

Diversas investigaciones como las de Echeverri-Vera (2010), Martínez (2010) y Ruiz (2007), abordan aquellos aspectos psicológicos y sociales que están directamente relacionados con el día a día en el contexto penitenciario, y que pueden favorecer u obstaculizar también la futura vida en libertad.

Siempre que hablemos de la definición de reinserción social y su polémica, debemos tener en cuenta los siguientes factores… y así conocer cuándo es posible una readaptación a la sociedad.

Factores que facilitan la reinserción

  • El más importante es la propia voluntad del recluso para querer cambiar. Este deseo debe ir acompañado de un sentimiento de responsabilidad y la capacidad de comprender sus propios actos.
  • La presencia de un apoyo social o familiar. Aquí hablamos de aquellas personas que lo esperan “afuera”, quienes se preocupan genuinamente por su bienestar.
  • En ocasiones, contar con una pareja también es un predictor de la reinserción social juvenil y adulta.
  • Contar con metas de vida y actividades motivacionales. Las metas a largo plazo suelen tener mayor éxito para cambiar el comportamiento. Pueden ser: recuperar antiguos lazos sociales, estudiar, trabajar, mantener alguna actividad placentera.
  • Contar con determinado nivel de estudios, preferentemente el que permite acceder a la lectoescritura.
  • No consumir sustancias.
  • No mantener un diagnóstico psicológico sin ser tratado.

Factores que dificultan la reinserción

  • La ausencia de autocrítica, falta de conciencia sobre las consecuencias del delito y la falta de empatía.
  • La ausencia de apoyo social o familiar, así como la carencia de un entorno contenedor.
  • La falta de metas de vida o expectativas de recuperación. Se lo asocia al sentimiento de impotencia y falta de esperanza.
  • El consumo de sustancias ilícitas, sobre todo las llamadas “drogas duras” que son sumamente adictivas y perjudiciales para la salud.
  • Políticas institucionales que incumplen leyes y se enfocan más en el castigo absoluto que en la capacidad de rehabilitación.

Finalmente, en respuesta a la pregunta que nos convoca… ¿La reinserción es posible en todos los casos? La experiencia ha dejado en claro que existen algunas condiciones, como la psicopatía, la perversión y las agresiones sexuales sistemáticas, que son de difícil tratamiento psicológico… y hacen prácticamente imposible su rehabilitación.

Además, son muchos los factores institucionales que impiden la continuidad de programas de reinserción social juvenil. Un psicólogo en la cárcel debe luchar día a día no sólo con la resistencia de los reclusos, sino también con la violencia institucional que mantienen algunos centros penitenciarios (De Molina, 1979).

Los problemas de la reinserción social en México y el resto de Latinoamérica continúan más vigentes que nunca, pero gracias a la labor de profesionales como psicólogos, trabajadores sociales y abogados, se están logrando pequeños cambios y cada vez mejores resultados.

Importante: Este artículo es exclusivamente informativo. En Psicomentando no diagnosticamos ni recomendamos tratamientos. En caso de que necesites ayuda, consultá con un profesional.

Referencias bibliográficas

  • De Molina, A. G. P. (1979). La supuesta función resocializadora del Derecho Penal: utopía, mito y eufemismo. Anuario de derecho penal y ciencias penales, 32(3), 645-700.
  • Echeverri-Vera, J. A. (2010). La prisionalización, sus efectos psicológicos y su evaluación. Pensando Psicología, 6(11), 157-166.
  • Martínez, L. M. G. (2010). Reinserción social, un enfoque psicológico. Derecho y realidad, 8(16).
  • Real Academia Española (RAE): Diccionario de la lengua española, 23.ª ed.
  • Ruiz, J. I. (2007). Síntomas psicológicos, clima emocional, cultura y factores psicosociales en el medio penitenciario. Revista Latinoamericana de psicología, 39(3), 547-561.
  • Soria Verde, M. (2005). Manual de psicología jurídica e investigación criminal. Madrid: Ediciones Pirámide.
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