Este artículo se actualizó hace: 10 meses ago
Desde que nacemos, desarrollamos una conducta realmente importante para nuestra supervivencia: el apego.
Este fenómeno está presente prácticamente desde el primer minuto de vida, y permite explicar por qué los bebés tienen un instinto para aferrarse afectivamente a la madre o cualquier persona que se ocupe de sus cuidados.
El apego es un concepto que seguramente hayas escuchado alguna vez. Y es que, desde hace varias décadas, surgieron estudios para entender cómo se desarrolla el apego en los niños, cuál es más esperable y también su evolución en la vida adulta.
El apego en adultos es un fenómeno psicológico muy interesante. En muchas ocasiones, llega a afectar toda la vida de esa persona: sus relaciones amorosas, su trabajo, sus amistades.
Se ha comprobado que nuestra personalidad, la forma de ser y de relacionarnos, están sumamente relacionados con los tipos de apego predominantes durante la infancia.
Has llegado a preguntarte alguna vez ¿por qué me apego tanto a una persona? Si la respuesta es afirmativa (o conoces a alguien que fácilmente podría responderla) llegaste al lugar indicado.
¿Qué es el apego en psicología?
Para entender qué es el apego, debemos remontarnos a la teoría del apego planteada por el psicólogo John Bowlby entre las décadas de 1960 y 1970. Por esa época, a Bowlby le interesaba investigar la conducta del recién nacido con sus cuidadores, y su importancia para que su crecimiento se desarrollara con normalidad.
La teoría del apego explica que, si un niño no establece un vínculo afectivo con al menos un cuidador, su crecimiento emocional y psicológico se verá profundamente afectado (Bretherton, 1992).
Entonces, el apego puede definirse como una conexión afectuosa, instintiva y adaptativa que permite establecer relaciones de seguridad y protección.
Ya en la década de 1980, esta teoría se extendió y nuevos investigadores comenzaron a plantear que el apego también es un fenómeno que se produce en los adultos. De esta forma, las relaciones de pareja o de amigos también pueden ser entendidas como formas de apego emocional.
¿Cuáles son los tipos de apego y cómo influyen en las relaciones?
Cindy Hazan y Philip Shaver (1987; 1990) estudiaron la teoría del apego en las relaciones románticas adultas. Tomando las indagaciones de Bowlby, estos autores plantearon que existen ciertos tipos de apego que se pueden observar no sólo en niños, sino también en personas adultas.
Por supuesto, el apego no será el mismo que el que se produce en la infancia. El adulto difícilmente mantiene un apego emocional tan intenso con sus padres, a menos que se trate de alguna patología.
Cuando hablamos de apego emocional en adultos, comúnmente se lo asocia a aquel que se desarrolla en las relaciones más maduras, tales como las de amistad o las de pareja. Echemos un vistazo a los cuatro tipos de apego y cómo van configurando las relaciones amorosas.
Apego seguro
El adulto que mantiene un estilo de apego seguro, ha tenido una historia de interacciones afectuosas, cálidas y receptivas. Seguramente, durante su infancia experimentaron un apego que representaba cuidado, protección y también distancia cuando era necesaria.
Estas personas suelen tener una visión positiva y comprensiva de ellos mismos. Y esta valoración beneficiosa también se traslada a sus relaciones familiares, amorosas y de amistad.
¿Cómo se observa el apego seguro? En aquellas personas que se sienten seguras expresando sus emociones, acercándose a los demás y también disfrutando su tiempo en soledad.
Es el tipo de apego en adultos más deseable, ya que logran mantener un equilibrio entre la intimidad de pareja y la independencia de uno mismo.
Apego ansioso
Cuando se habla de la relación entre apego y dependencia en las relaciones “tóxicas”, este tipo de apego ansioso es el que más predomina.
Con este estilo, las personas buscan tener una intimidad intensa, restringiendo otras relaciones como las amistades en la gran mayoría de los casos.
Las personas tienen un punto de vista negativo sobre sí mismos, sintiéndose poco queridos, insuficientes o fácilmente reemplazables. Por eso, desean ser validados constantemente y su temor a ser abandonados los vuelve inseguros, buscando constantemente una afirmación del amor que le tienen.
Incluso pueden llegar a experimentar altos niveles de ansiedad cuando pasan tiempo con su pareja. ¡Una sensación muy alejada a la tranquilidad que debería transmitir!
Apego evitativo
En contraposición al anterior, la persona con apego evitativo mantiene un nivel de independencia muy llamativo. Buscan evitar el apego a toda costa, y se consideran autosuficientes.
Es común escuchar que estos individuos no se dejan influenciar por sentimientos de amor, y la dependencia les parece algo absurdo.
Los estudios han demostrado que el apego evitativo en realidad se trata de un apego defensivo. Funciona para evitar ser rechazado y menospreciado.
Apego desorganizado
El apego desorganizado implica una contradicción de los sentimientos. La persona que lo experimenta, siente que quieren vincularse y entablar relaciones estables, pero al mismo tiempo tienen mucho miedo por el daño que les puede llegar a ocasionar el otro.
De hecho, ante el primer mínimo obstáculo ya están pensando en terminar la relación para anticiparse al dolor futuro.
En cuanto a la percepción de sí mismos, las personas con apego desorganizado no se valoran a sí mismos y esto se ve empeorado por su incapacidad de controlar las emociones.
¿Cuál es la diferencia entre amor y apego?
Puede parecer algo sencillo, pero entender la diferencia entre amor y apego es uno de los grandes dilemas en las parejas de adultos jóvenes o adolescentes. Incluso, podría decirse que es un tema muy habitual que se trata en las consultas terapéuticas.
Entonces, ¿cuál es la diferencia entre amor y apego? ¿Cómo nos damos cuenta de esa fina línea que las separa?
Lo primero que debes saber es que el amor y el apego emocional están muy relacionados. De hecho, es frecuente que en todo vínculo se encuentre un poco de ambos. Sin embargo, también hay que reconocer cuándo se vuelve un problema.
Ya hablamos de que existen diferentes tipos de apego, y algunos serán más deseables que otros. Por ejemplo, el apego ansioso puede estar presente en algún momento de la pareja, sobre todo el inicial. Pero sería esperable que con el tiempo desapareciera y diera lugar a un apego seguro y saludable (Fraley & Shaver, 2000).
Si el apego ansioso se mantiene, rápidamente puede traducirse en celos, posesión, dependencia emocional y discusiones de pareja interminables.
El amor en sí mismo se basa en una relación con principios de libertad, de dejar ser, de acompañar la felicidad de otro, pero no convertirla en tu motivo de vida completo. El apego te hace creer que tu pareja es tu única fuente de bienestar. ¡Nada más alejado de la realidad!
¿Cómo trabajar el apego emocional para vivir una relación sana?
Queremos que puedas responder a las preguntas ¿por qué me apego tanto a una persona? o ¿Qué puedo hacer para vivir una relación con confianza? La buena noticia es que el apego emocional puede trabajarse para que se vuelva más saludable.
Autores como Medina, Rivera y Aguasvivas (2016) afirman que los tipos de apego que nos han marcado, no determinan necesariamente toda nuestra vida adulta. Siempre estás a tiempo para cambiar el rumbo de tus acciones, para encontrar un mejor estilo de vida.
El apego en sí mismo no es un comportamiento negativo o patológico. Quizás la verdadera pregunta es: ¿cómo vivir un apego seguro? No es tarea sencilla, pero ahora que lo has identificado, estás más cerca de encontrar una solución.
Puedes hablar con amigos que sepas que no van a juzgarte, y siempre contarás con una opinión objetiva para que te enseñe que la realidad no es tan catastrófica como la planteas, y que casi todas nuestras relaciones pueden ir y venir.
Se trata de un trabajo con tu autoestima, tus relaciones cercanas y tu historia familiar. En este sentido, una consulta terapéutica puede ser el recurso más eficaz.
Referencias bibliográficas
- Bretherton, I. (1992). The origins of attachment theory: John Bowlby and Mary Ainsworth. Developmental psychology, 28(5), 759.
- Fraley, R. C., & Shaver, P. R. (2000). Adult romantic attachment: Theoretical developments, emerging controversies, and unanswered questions. Review of general psychology, 4(2), 132-154.
- Hazan, C. (1987). Conceptualizing romantic love as an attachment process. Journal of personality and social psychology, 52, 511-524.
- Hazan, C., & Shaver, P. R. (1990). Love and work: An attachment-theoretical perspective. Journal of Personality and social Psychology, 59(2), 270.
- Medina, C. J., Rivera, L. Y., & Aguasvivas, J. A. (2016). El apego adulto y la calidad percibida de las relaciones de pareja: evidencias a partir de una población adulta joven. Salud & Sociedad, 7(3), 306-318.

Gabriela Millaman Rickert es estudiante avanzada de la carrera de Psicología de la Universidad Nacional de Mar del Plata (República Argentina).

