¿Cómo aplicar la Teoría del Apego a la crianza de los hijos?

La crianza de los hijos es una de las situaciones más desafiantes y también gratificantes. Como padres y cuidadores, nos esforzamos constantemente por brindar a nuestros hijos todo lo que necesitan para crecer felices y saludables. Sin embargo, en este viaje, a menudo nos encontramos con preguntas, inseguridades y desafíos que pueden parecer abrumadores.

En este contexto, muchos padres buscan consejos y sugerencias de la mano de profesionales, libros, cursos y más. Así, la teoría del apego emerge como un faro de entendimiento y guía. Desarrollada por psicólogos como John Bowlby y Mary Ainsworth, la teoría del apego arroja luz sobre la profunda importancia de las relaciones tempranas en la vida de un niño.

Examina cómo los vínculos emocionales que establecemos con nuestros hijos durante sus primeros años pueden tener un impacto duradero en su desarrollo cognitivo, emocional y social. La teoría del apego es más que un concepto psicológico: es una brújula para padres y cuidadores que buscan criar a sus hijos en un ambiente de amor, seguridad y apoyo.

En este artículo de Psicomentando, exploraremos teorías del apego infantil y también en adultos. ¿Por qué? Porque vamos a descubrir cómo el apego temprano en la infancia influirá decisivamente en las relaciones de la vida adulta. 

Los orígenes de las Teorías del Apego

Las “Teorías del Apego” se refieren a un conjunto de conceptos e ideas desarrollados por psicólogos y teóricos del desarrollo, principalmente John Bowlby y Mary Ainsworth, que explican cómo se forman y funcionan los vínculos emocionales entre los seres humanos, especialmente en las relaciones entre padres y sus hijos.

Pero para comprender del todo cómo surgió esta teoría revolucionaria, debemos echar un vistazo a un antecesor muy importante: René Spitz.

Los descubrimientos de René Spitz en la psicología infantil

En 1935, René Spitz inició una investigación que marcaría un hito en la comprensión de cómo las experiencias tempranas afectan a los niños, tanto en su salud física como emocional. Fue uno de los primeros investigadores en utilizar la observación directa de bebés y niños como método experimental.

Entre las contribuciones más significativas de Spitz se encuentran sus investigaciones sobre la depresión anaclítica, una condición que a menudo se manifestaba en niños que habían sido hospitalizados o separados de sus figuras de apego durante períodos prolongados.

Uno de los estudios más impactantes tuvo lugar en 1945, cuando investigó el fenómeno conocido como “hospitalismo” en un orfanato. Sus hallazgos revelaron que los niños recién nacidos iban creciendo perfectamente sanos, ya que no tenían signos de trastornos psicológicos ni físicos. 

¿Pero qué ocurría con el correr de los meses? Las condiciones ambientales desfavorables durante ese primer año de vida iban generando consecuencias irreparables. Allí, comenzó a hablarse de la importancia de que haya al menos un adulto presente dispuesto a brindarle contención absoluta a ese bebé en pleno crecimiento.

La Teoría del Apego de Bowlby

Ya a partir de 1950, surgieron autores de la teoría del apego que también se interesaron por estudiar las relaciones más tempranas: el apego infantil de un bebé con su madre

Hasta entonces se creía que lo que determinaba ese vínculo era simplemente el amor que una madre podría llegar a brindar. Sin embargo, estos psicólogos arribaron a una explicación más profunda: no se trata de amor o cariño, sino de un sistema de adaptación y supervivencia, producto de la evolución humana.

De hecho, como un dato curioso, Bowlby no comenzó sus observaciones en niños humanos. Sus primeras hipótesis las desarrolló mientras estudiaba el comportamiento de… ¡los patos y gansos! 

En sus estudios, Bowlby observó cómo los gansos jóvenes, al eclosionar de sus huevos, desarrollaban una fuerte conexión emocional con la primera figura que veían, generalmente su madre ganso. Esta observación lo llevó a preguntarse si un proceso similar de formación de vínculos y apego se aplicaría a los seres humanos, especialmente a los niños en sus relaciones con los cuidadores primarios.

¿Qué significa apego?

El apego se considera una necesidad básica para los bebés y los niños, ya que les proporciona seguridad emocional y la base desde la cual pueden explorar el mundo que les rodea.

Desde una perspectiva biológica, la principal meta del apego es la supervivencia. Los bebés y los niños pequeños dependen por completo de los adultos para satisfacer sus necesidades básicas, como alimento, protección y calor. Por lo tanto, desarrollar un vínculo fuerte con las personas que los cuidan es esencial para garantizar su seguridad y supervivencia.

Desde un punto de vista psicológico, la meta del apego es proporcionar una sensación de seguridad y confort emocional. Los niños que se sienten seguros en sus relaciones de apego tienen una base emocional sólida desde la cual pueden explorar el mundo y aprender. Saben que pueden contar con sus cuidadores para brindarles apoyo emocional en momentos de angustia o incertidumbre.

Fases de la teoría del apego

En la fase de pre-apego (0-6 semanas) los bebés están predispuestos a responder a las señales de cuidado y a formar vínculos emocionales, ya que de forma instintiva buscan sobrevivir y demandan la satisfacción de necesidades básicas. Sin embargo, su comportamiento no está dirigido de manera específica a una persona y pueden mostrar apego a múltiples cuidadores. 

Durante la fase de apego en formación (6 semanas a 8 meses) los bebés comienzan a desarrollar preferencias por alguna persona en particular. Comienzan a mostrar señales de angustia cuando se separan de sus figuras de apego preferidas y pueden mostrar interés por interactuar con ellos.

Teoría del apego infantill

En la fase de apego verdadero (8 meses a 2 años), los niños desarrollan vínculos emocionales más específicos y duraderos con sus cuidadores principales, por lo general, sus padres. Sienten una necesidad más intensa de estar cerca de sus figuras de apego y pueden mostrar ansiedad por la separación.

Luego sucede la fase de reciprocity o reciprocidad (2-6 años). Los niños comienzan a desarrollar una comprensión más completa de las relaciones de apego. Pueden participar en interacciones más sofisticadas con sus padres, como compartir pensamientos y sentimientos, y buscar consuelo y apoyo emocional de manera más eficaz.

Por último, la fase de socio de juego (6 años en adelante) implica que los niños pueden participar en relaciones de apego con una gama más amplia de personas, como amigos y otros miembros de la familia. También son capaces de formar vínculos más independientes y estables fuera del hogar.

4 tipos de apego: ejemplos

En el corazón de la teoría del apego se encuentra la distinción entre el apego seguro e inseguro, dos patrones fundamentales que dan forma a la forma en que interactuamos con el mundo y con quienes nos rodean.

El apego seguro se caracteriza por una sensación de confianza en la disponibilidad y el apoyo de las figuras de apego, lo que permite a una persona explorar el mundo y desarrollar relaciones saludables basadas en la intimidad y la confianza. 

En contraste, el apego inseguro abarca varios patrones, como el apego evitativo (donde se evita la intimidad emocional) y el apego ansioso (donde se busca la intimidad con ansiedad), que pueden generar desafíos en la formación y el mantenimiento de relaciones sólidas y saludables.

Los autores hacen una distinción de 4 tipos de apego. ¿Cuáles son? Veamos cada uno en profundidad.

Apego seguro en bebés y niños

Los niños con un apego seguro se sienten cómodos al explorar su entorno cuando su cuidador está presente y están seguros de que su cuidador volverá cuando lo necesiten. Se muestran angustiados cuando su cuidador se va pero se consuelan rápidamente cuando regresa.

Los cuidadores de bebés con apego seguro suelen responder de manera sensible y receptiva a las necesidades de sus hijos. Esto implica reconocer las señales del bebé y brindar apoyo emocional y físico cuando es necesario, lo que refuerza la sensación de seguridad del bebé.

Los bebés con un apego seguro tienden a ser más emocionalmente estables. Pueden experimentar emociones como la alegría, el miedo o la tristeza, pero confían en que sus cuidadores estarán ahí para ayudarles a manejar esas emociones.

Un apego seguro en la infancia sienta las bases para el desarrollo saludable de la autoestima. Los bebés que experimentan apoyo y la seguridad emocional de manera consistente tienden a desarrollar una autoimagen más positiva.

Características del apego ansioso

El apego ansioso, también conocido como apego inseguro-ambivalente o apego inseguro-resistente, se caracteriza por una serie de comportamientos y actitudes que muestran que un individuo se siente ansioso, preocupado o inseguro en sus relaciones emocionales, especialmente en las relaciones cercanas.

Los niños con apego ansioso a menudo se muestran ansiosos incluso cuando su cuidador está presente. Pueden ser difíciles de consolar y pueden aferrarse al cuidador mientras buscan el contacto físico.

Incluso pueden mostrar ansiedad cuando su madre se va y, cuando regresa, pueden buscar el contacto físico de manera insistente pero al mismo tiempo parecer enojado o resentido por la separación. El miedo al rechazo siempre está presente, por ende harán todo lo posible para llamar la atención de sus cuidadores y evitar el abandono.

Apego inseguro desorganizado

Los niños con un apego desorganizado a menudo muestran una mezcla de comportamientos contradictorios. Pueden mostrar confusión en presencia de sus padres o familiares, pueden buscar contacto físico y, al mismo tiempo, pueden mostrar conductas inusuales o desorganizadas.

Un niño con un apego desorganizado puede mostrarse indeciso sobre si acercarse o alejarse del cuidador, incluso en momentos de estrés. Pueden mostrar comportamientos inusuales, como mirar al cuidador con expresiones de miedo o desorientación.

Este tipo de apego inseguro desorganizado es tildado como el “más preocupante”, ya que podrían ser producto de situaciones de maltrato que se volvieron persistentes con el tiempo y que lograron perturbar el comportamiento del niño.

Qué es el apego evitativo

Los niños con un apego inseguro evitativo a menudo muestran poco interés en la presencia o ausencia de su cuidador. Pueden evitar el contacto físico y no buscar consuelo en momentos de angustia.

Un niño con un apego inseguro evitativo puede parecer indiferente cuando su cuidador se va o regresa. Puede evitar el contacto físico con el cuidador y parecer independiente. Pueden no buscar consuelo cuando están heridos o asustados.

Este tipo de apego puede llevar a relaciones superficiales o distantes en la adultez.

Tipos de apego y sus consecuencias en la personalidad

Como ya hemos adelantado, los tipos de apego formados en la infancia tienen un impacto significativo en el desarrollo de la personalidad a lo largo de la vida. Estos patrones influyen en la forma en que una persona percibe el mundo, se relaciona con los demás y se maneja emocionalmente. Aquí es cuando hablamos de la teoría del apego en adultos.

Muchas veces nos damos cuenta que repetimos relaciones de pareja que no funcionan, o formamos grupos de amigos que no se sostienen, o vínculos laborales que no prosperan. ¿Qué ocurre? Un paso fundamental para encontrar la causa, es reflexionar y preguntarse ¿cuál es mi tipo de apego?

¿Cuál es mi tipo de apego? 

Para saber cuál es tu apego predominante, puedes reflexionar sobre tus relaciones pasadas y actuales, especialmente aquellas que han sido significativas en tu vida. Considera cómo te sientes en estas relaciones y cómo sueles responder a situaciones de intimidad, separación y conflicto. Pregúntate si experimentas una fuerte dependencia emocional, evitas la intimidad emocional o tienes patrones intermedios.

Piensa en tu relación con tus padres durante la infancia. ¿Cómo te sentías cuando estabas separado de ellos? ¿Cómo respondían ellos a tus necesidades emocionales? Estas experiencias tempranas pueden influir en tus patrones de apego en la edad adulta.

Observa cómo te comportas en tus relaciones actuales. ¿Tiendes a buscar constantemente la atención y validación de tu pareja o, por el contrario, evitas la intimidad emocional? ¿Experimentas ansiedad o preocupación por la separación o el abandono? Estas preguntas pueden guiarte hacia el camino adecuado.

¿Puedo cambiar mis patrones de apego? 

Por fortuna ¡sí! Los estilos de apego pueden cambiar con el tiempo y a lo largo de las relaciones. No todos los aspectos de tu apego serán iguales en todas las relaciones, y es posible trabajar en la mejora de los patrones inseguros o disfuncionales con la ayuda adecuada.

Aunque los patrones de apego se desarrollan en la infancia y pueden ser bastante arraigados, la plasticidad cerebral y la capacidad humana para el crecimiento personal permiten que el cambio sea posible, incluso cuando el apego infantil haya predominado durante décadas.

El primer paso, como ya vimos, es la autoconciencia. Sin embargo, con identificar un apego inseguro desorganizado o ansioso no alcanza. ¿Qué debemos hacer?

La terapia con un terapeuta especializado en relaciones puede ser muy beneficiosa. Un terapeuta puede ayudarte a explorar patrones de apego saludable para tu situación en particular.

Puedes aprender a establecer límites saludables en las relaciones. Esto implica decir “no” cuando sea necesario y asegurarte de que tus necesidades y límites sean respetados. Si tienes patrones de apego ansioso o evitativo, trabajarás en desarrollar tu autonomía emocional y tu capacidad para cuidarte a ti mismo.

¿Cómo fomentar el apego seguro en los hijos?

Cuando nos convertimos en padres, una de las preocupaciones más presentes es encontrar la forma adecuada de criar niños saludables no sólo físicamente sino también emocionalmente. Queremos formar niños fuertes, seguros en sí mismos, sociables y respetuosos. La lista podría seguir infinitamente, pero la pregunta más importante aquí es… ¿cómo lograrlo? 

Apego seguro características

Para responder a esa pregunta es clave saber que existe un fuerte vínculo entre la parentalidad y la teoría del apego

Por ejemplo, puedes responder a las señales y necesidades de tu hijo de manera sensible y oportuna. Esto incluye prestar atención a las señales de hambre, sueño, comodidad y afecto. Cuanto más pronto respondas a las necesidades de tu hijo, más seguro se sentirá.

¿Qué más podemos hacer? Veamos algunos consejos de apego temprano que te ayudarán:

  • Dedica tiempo a conectarte emocionalmente con tu hijo. El contacto visual, el contacto piel con piel y la comunicación afectuosa fortalecen el vínculo emocional entre tú y tu hijo.
  • Los niños se sienten seguros cuando tienen rutinas predecibles. Establece horarios regulares para comer, dormir y jugar, lo que proporciona estructura y seguridad.
  • Anima a tu hijo a explorar y jugar de manera activa contigo. El juego es una forma importante de construir conexiones emocionales y fortalecer el apego.
  • Modela una comunicación efectiva y emocionalmente abierta. Anima a tu hijo a expresar sus sentimientos y necesidades y valida sus emociones. Por ejemplo, los límites son importantes para la seguridad y el desarrollo de la autonomía. Establece límites claros y coherentes, pero asegúrate de hacerlo con amor y comprensión.
  • A medida que tu hijo crece, fomenta su independencia gradualmente. Permítele explorar y tomar decisiones dentro de límites seguros. Cuando tu hijo esté angustiado o asustado, ofrece consuelo y apoyo emocional. Esto le enseñará que puede contar contigo en momentos difíciles.
  • Los padres que cuidan de sí mismos son más capaces de cuidar de sus hijos. Asegúrate de encontrar tiempo para descansar y recargar energías.
  • Si te sientes abrumado o tienes dudas sobre la crianza, busca apoyo en grupos de padres, libros sobre crianza, o consulta con un profesional de la salud mental o un consejero familiar.
  • Nadie es un padre perfecto. Si cometes errores, reconócelos y usa esas experiencias como oportunidades para aprender y mejorar.

La teoría del apego nos ha revelado que nuestros primeros años de vida desempeñan un papel crítico en la construcción de los cimientos de nuestra seguridad emocional. Sin embargo, no todo está perdido para aquellos que pueden haber experimentado patrones de apego inseguro en la infancia. La autoconciencia y el apoyo adecuado pueden ayudarnos a comprender y cambiar estos patrones a lo largo del tiempo.

En última instancia, la teoría del apego nos recuerda la importancia de la crianza sensible y amorosa, así como la inversión en relaciones emocionalmente ricas a lo largo de toda la vida.

Importante: Este artículo es exclusivamente informativo. No debe utilizarse para realizar un diagnóstico ni como sustituto de un tratamiento profesional. En caso de que necesites ayuda, podés consultar con un psicólogo/a de nuestro equipo de Psicomentando.

Referencias bibliográficas

  • Bowlby, J. (1969). Attachment and Loss: Attachment. Vol. 1. Basic Books.
  • Bowlby, J. (1988). A Secure Base: Parent-Child Attachment and Healthy Human Development. Basic Books.
  • Goldberg, S., Muir, R., & Kerr, J. (Eds.). (1995). Attachment Theory: Social, Developmental, and Clinical Perspectives. Analytic Press.
  • Howe, D. (2011). Attachment Across the Lifecourse: A Brief Introduction. Palgrave Macmillan.
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