¿Cómo se construye una autonomía responsable en la adolescencia?

La autonomía es una capacidad que se va adquiriendo con el tiempo y es altamente valorada hoy en día en nuestra sociedad. Pensemos en todos los ámbitos donde la autonomía de una persona se pone en juego: en el trabajo, en la escuela, en el funcionamiento familiar y hasta para salir a hacer compras.

adolecencia autonoma

La habilidad de ser autónomos está muy relacionada con la capacidad de asumir obligaciones y responsabilidades. Nos abre la puerta a los ámbitos de la vida adulta, y nos permite desarrollarnos más allá de nuestros límites.

¿Qué es autonomía?

El concepto de autonomía es sumamente complejo y han sido muchos los autores y científicos que lo han estudiado en profundidad. En términos generales, puede definirse la autonomía como aquella capacidad para tomar decisiones de manera propia, sin la coerción o la influencia de terceros.

Desde la psicología evolutiva se entiende que la autonomía se va desarrollando a lo largo de los años, en influencia directa con la familia y el contexto más amplio.

Desde el ámbito jurídico se han creado leyes y códigos en función de esos desarrollos de la ciencia psicológica. En el derecho se habla del principio de autonomía progresiva, tan importante para determinar el nivel de madurez de un individuo.

Antes de seguir avanzando, es importante que entendamos el concepto de autonomía diferenciándolo de otros términos muy similares como el de independencia.

Diferencias entre independencia y autonomía

Muchas veces escuchamos que se emplea el término autonomía e independencia como si fueran sinónimos. Sin embargo, si desglosamos ambos conceptos vamos a entender por qué son diferentes… aunque se relacionan uno al otro.

La independencia hace referencia a la capacidad individual de actuar por uno mismo, sin depender de un otro. En este sentido, la independencia forma parte de la autonomía. Pero esta autonomía comprende otros elementos además del simple acto de independencia.

La autonomía es una capacidad más compleja en la que intervienen factores cognitivos, conductuales y emocionales. Asimismo, no se puede entender la autonomía si no se tiene en cuenta el contexto familiar y social de la persona.

Los autores (Oliva & Parra, 2001) suelen diferenciar varios niveles de autonomía.

Se habla de una autonomía cognitiva cuando la persona logra una concepción de su propio yo como algo único, diferente al resto.

Por otro lado, la autonomía conductual implica la capacidad de tomar decisiones, por más pequeñas que sean.

También está la autonomía emocional que refiere a la separación afectiva de los padres, necesitando cada vez menos su apoyo emocional. Este concepto fue propuesto por Steinberg y Silverberg (1986), pioneros en el estudio de la evolución de la autonomía. Incluso han desarrollado técnicas para evaluar de manera válida y confiable este constructo.

Podemos observar entonces cómo el concepto de autonomía va adquiriendo complejidad y son muchos los factores que la influyen. Hay dos periodos críticos en la vida de una persona que impactan de lleno en la capacidad de ser autónomos. A continuación nos enfocaremos en estas etapas evolutivas.

Desarrollo de la autonomía progresiva

Es importante mencionar que se habla de autonomía en progreso, o autonomía progresiva, porque no es un estado al que se llega de una vez y para siempre. La habilidad de ser autónomos se pone en juego todo el tiempo, y sobretodo cuando nos encontramos en situaciones novedosas.

Por eso, no se habla de una autonomía absoluta sino de una autonomía responsable y saludable.

¿Por qué “responsable”? Llega un momento en nuestras vidas donde el ser autónomo comienza a ser una necesidad ante las exigencias de la sociedad.

¿Y por qué “saludable”? Porque se relaciona con el bienestar psicológico y tiene importantes implicancias en la salud mental.

Ahora veremos en profundidad cómo evoluciona la autonomía y qué importancia tiene.

Autonomía en la infancia

La autonomía es una capacidad que se va adquiriendo desde los primeros meses de vida, en cuanto a la alimentación, la habilidad para caminar y emitir los primeros sonidos.

Durante la infancia damos paso a toda una serie de nuevas actividades que implican un verdadero cambio en la autonomía personal: la elección de la ropa, la higiene, las actividades del hogar y muchas más.

Durante este periodo de la vida, el niño aún depende enormemente de la supervisión de sus padres. En su gran mayoría, si no cuentan con la dirección de un adulto, esas actividades directamente no se llevan a cabo.

Los familiares y el entorno social del niño tienen un papel fundamental para guiarlo en el despliegue de esta actividad. Los investigadores (Steinberg, 1999; Romero et. al., 2020) plantean que los estilos de crianza (junto con otros factores) determinan el grado de autonomía que un individuo podrá alcanzar en su adolescencia.

Los estilos demasiado autoritarios o demasiado permisivos no darán lugar a una verdadera autonomía por parte de ese individuo. La capacidad de ser responsables no se adquiere a través del miedo o a través de las libertades absolutas. Los autores coinciden en que un estilo de crianza democrático y equilibrado es un término medio ideal para dar lugar a esta habilidad.

Autonomía adolescente: búsqueda de una identidad propia

La autonomía adolescente es un concepto que se viene desarrollando desde hace varias décadas, a partir de los estudios de Sternberg (1999). Investigaciones más recientes (Sánchez et. al., 2008; Romero et. al., 2020) plantean que la autonomía está íntimamente relacionada con la construcción de la identidad.

Actualmente se sabe que el proceso más característico de la adolescencia es la búsqueda de una identidad propia, única y diferente. Por eso, el concepto de identidad es tan importante cuando hablamos del pasaje de la adolescencia a la adultez.

En este proceso que va desde la dependencia a la autonomía, el adolescente va construyendo un guión personal sobre su propia vida y una representación de sí mismos.

Al comienzo de la pubertad, el adolescente comienza a separarse de sus padres y su grupo de amigos se vuelve más importante. Va encontrando modelos a seguir y se va formando una imagen de sí mismo, primero en relación a los demás.

Ya hacia el final de la adolescencia, el adolescente se transforma en protagonista de sus experiencias y desea (cada vez más) hacerse cargo de las decisiones que marcarán su porvenir. Aquí es donde su identidad cobra sentido: quién soy y qué quiero.

Sin embargo, es importante mencionar que aún en la adolescencia, los individuos necesitan de los límites claros de los adultos (Alonso Stuyck & Aliaga, 2017).

Trataremos de comprender ahora cómo favorecer una autonomía responsable en la adolescencia, periodo crítico en la vida de una persona.

Entonces, ¿cómo fomentar una autonomía responsable y saludable?

Alcanzar un bienestar psicológico, con una autoestima saludable, una identidad sólida y un nivel de responsabilidad adecuado… es una tarea difícil, pero no imposible.

Es importante comprender que la adolescencia será una etapa que no estará libre de conflictos. De hecho, la búsqueda de conflictos es incluso deseable, ya que el adolescente pondrá en juego por primera vez esa capacidad de autonomía.

Los investigadores (Sánchez et. al., 2008) aseguran que el contexto familiar y social son los factores principales que influyen en la construcción de estas competencias.

Los estilos de crianza autoritarios imponen reglas rígidas y por lo general no son explicadas. Simplemente deben acatarse. Y lejos de fomentar la autonomía, estos adultos terminan generando dependencia en el adolescente, quien reaccionará con temor ante cualquier “mala decisión” de su parte.

Los padres autoritarios llegan a oponerse fervientemente a la “liberación” del adolescente, acusándolo de rebelde.

Los estilos de crianza permisivos, por otro lado, generan una independencia que no alcanza a ser autonomía. No ofrecen una guía ni un acompañamiento suficiente en los adolescentes, quienes terminarán por buscar ese apoyo en otros pares igual de inexpertos.

La autonomía, la responsabilidad y la autoestima son fomentadas por estilos democráticos de crianza. El papel del adulto continúa siendo fundamental en el paso de la infancia a la adolescencia: las normas se cumplen, pero con mayor flexibilidad y en diálogo permanente.

Con una cuota adecuada de confianza en sí mismo, el adolescente podrá crear su propio camino.

Importante: Este artículo es exclusivamente informativo. En Psicomentando no diagnosticamos ni recomendamos tratamientos. En caso de que necesites ayuda, consultá con un profesional.

Referencias bibliográficas

–  Alonso Stuyck, P., & Aliaga, F. M. (2017). Demanda de autonomía en la relación entre los adolescentes y sus padres. Estudios sobre educación.

–  Oliva, A., & Parra, Á. (2001). Autonomía emocional durante la adolescencia. Infancia y aprendizaje, 24(2), 181-196.

–  Romero, T. B., Estefanía, M. M., Charry, C. L., & Martínez, R. M. G. (2020). La influencia de la familia y la educación en la autonomía de los jóvenes: una revisión sistemática. Bordón. Revista de pedagogía, 72(2), 29-44.

–  Sánchez, M. M., Gutiérrez, R. B., Rodríguez, J. M., & Casado, M. P. (2008). Influencia del contexto familiar en las conductas adolescentes. Ensayos: Revista de la Facultad de Educación de Albacete, (23), 391-408.

–  Steinberg, L. & Silverberg, S.B. (1986). The vicissitudes of autonomy. Child Development, 57, 841-851.

–  Steinberg, L. (1999). La autonomía. Antología de lecturas, 133.

Abrir chat
Hola!
¿Necesitas una consulta psicológica?