Este artículo se actualizó hace: 10 meses ago
Cuando pensamos en las enseñanzas vitales y casi obligatorias que todo niño debe tener, seguramente pensemos en las lecciones típicas sobre cómo comportarse: “dar las gracias”, “pedir por favor”, “aprender a saludar” o “respetar cuando los adultos hablan”. Pero creo que también estaríamos de acuerdo en afirmar que, educar a las infancias, requiere mucho más que estas clásicas sugerencias.
En los últimos años, adultos y educadores empezaron a implicarse aún más en la crianza de los niños, y han reconocido la importancia de desarrollar habilidades socioemocionales desde muy pequeños. Es por eso que desde Psicomentando queremos ahondar sobre cómo trabajar la responsabilidad afectiva con los hijos a través de una crianza con empatía.
¿Los niños pueden desarrollar la responsabilidad afectiva?
¡Absolutamente sí! Aunque parezca una respuesta obvia hoy en día, durante mucho tiempo se creía que ser responsable afectivamente sólo era cosa de adultos. De hecho, si echamos un vistazo a las anécdotas de infancia de nuestros abuelos, seguramente nos demos cuenta que en esas épocas sólo se priorizaba la enseñanza de ciertos “modales”, y con eso ya estarías preparado para salir al mundo.
Actualmente, expertos reconocen que desde muy temprana edad, los niños pueden aprender a gestionar sus emociones y poco a poco, convertirse en personas con responsabilidad afectiva. Autores como Gottman (2011) plantean que la responsabilidad afectiva y emocional influye en habilidades comunicacionales, la toma de decisiones o la tolerancia a la frustración.
A su vez, la importancia de la responsabilidad afectiva se verá también en el desarrollo de una autoestima saludable o incluso en la prevención de enfermedades o trastornos psicológicos.
Como verás, es muy importante saber cómo practicar la responsabilidad afectiva en las infancias, ya que tendrá consecuencias a largo plazo. Si tienes más preguntas acerca de esta temática en adultos o en relaciones amorosas, te recomendamos que leas el artículo: Responsabilidad Afectiva, una forma más sana de vivir las relaciones.
Ahora veamos qué papel cumple la escuela y el hogar en aquellos primeros pasos en el aprendizaje de las emociones.
El hogar y la escuela: dos pilares de la educación emocional
En la escuela, los adultos tienen grandes responsabilidades, ya que los niños pasan una gran cantidad de tiempo en la escuela, por lo que es fundamental que los maestros brinden un ambiente emocionalmente seguro y de apoyo. Esto significa escuchar activamente a los estudiantes, validar sus emociones y proporcionarles herramientas para manejar situaciones emocionales desafiantes.
Dentro de la escuela, los niños conocen a sus primeras amistades y a su vez, experimentan toda una gama de emociones a partir de las metas que deben ir alcanzando. La escuela puede ser fuente de motivación, así como de frustraciones. ¿Cómo educar niños inteligentes emocionalmente y con responsabilidad afectiva?
Autores como Bisquerra Alzina (2000) hace ya más de dos décadas plantean que la educación emocional debe ser una parte integral del plan de estudios escolar. Los estudiantes deben aprender habilidades emocionales prácticas, como la comunicación efectiva, la resolución de conflictos y la empatía hacia los demás.
En el hogar, los padres y cuidadores pueden “modelar” comportamientos emocionalmente saludables y que ayuden a los niños a comprender y manejar sus propias emociones. Los padres también pueden proporcionar un ambiente seguro y amoroso donde los niños puedan expresar sus sentimientos sin miedo a ser juzgados o rechazados.
Cuando el hogar y la escuela trabajan juntos, se crea una base sólida para el desarrollo emocional saludable de los niños.
¿Cómo trabajar la responsabilidad afectiva con los hijos?
Por supuesto, uno tendería a pensar que para enseñar a ser responsable afectivamente, debería ser un experto absoluto en el tema. Pero en realidad, esto no sucede exactamente así.
Lo más importante para empezar ya lo estás logrando: el primer paso es preguntarse qué significa tener responsabilidad afectiva y por qué es importante. Luego, uno podrá ir reconociendo cuáles son sus puntos fuertes y qué cosas debe mejorar. Pero lo primero ya lo has conseguido.
La responsabilidad afectiva y emocional es una habilidad que se va perfeccionando con el tiempo, e incluso tus propios hijos pueden ayudarte a mejorar. A continuación te mostramos algunas recomendaciones para comenzar a practicar la educación emocional con los pequeños.
Ser responsable afectivamente: “predicar” con el ejemplo
Si quieres que tus hijos sean personas con responsabilidad afectiva, una de las formas más efectivas de enseñarles es a través del modelado. Los niños aprenden mucho al observar cómo los adultos manejan sus propias emociones. Si los padres y cuidadores son capaces de manejar sus propias emociones de manera saludable y mostrar empatía hacia los demás, los niños aprenderán a hacer lo mismo.
Los juegos son los aliados perfectos
Otra forma de enseñar educación emocional es a través de juegos y actividades. Por ejemplo, los juegos de roles pueden ser una forma divertida y efectiva de enseñar a los niños cómo manejar situaciones emocionales desafiantes. Los cuentos y los dibujos también pueden ser herramientas útiles para ayudar a los niños a identificar y expresar sus emociones.
¿Qué papel cumple la validación emocional?
La validación emocional es un elemento clave en la crianza de la responsabilidad afectiva con los hijos. Se refiere a la capacidad de reconocer y validar las emociones de los niños, y responder a ellas de una manera que les haga sentir que sus sentimientos son legítimos y comprendidos.
Cuando los padres o cuidadores validan emocionalmente a los niños, están ayudando a los niños a desarrollar una comprensión saludable de sus propias emociones y a sentirse seguros y amados.
Un niño sin responsabilidad afectiva, puede tener miedo a expresarse, lo cual impactará negativamente en sus relaciones sociales o en su capacidad de poner límites.
Tu como padre, madre, hermano o tío puedes validar emocionalmente al pequeño de muchas maneras, como por ejemplo:
- Escuchando activamente y prestando atención a las emociones del niño.
- Validando las emociones del niño diciéndole cosas como “entiendo que estás triste” o “veo que te sientes frustrado”.
- Asegurándote de que el niño se sienta seguro y protegido en su presencia.
- Ayudando al niño a encontrar soluciones a los problemas que pueden estar causando sus emociones.
¿Te quedan dudas? Aquí te dejamos las preguntas más frecuentes
Sin dudas, la crianza de los más pequeños debe ser de las situaciones más inquietantes y preocupantes. Solemos creer que cualquier mínimo error podría tener consecuencias negativas y eso nos atemoriza. Sin embargo, queremos demostrarte que la psicoeducación sobre la responsabilidad afectiva y emocional es mucho más sencilla (e incluso divertida) de lo que piensas.
¿Qué es la responsabilidad afectiva con los hijos y cómo se enseña en contexto de crianza?
La responsabilidad afectiva con los hijos se refiere a la capacidad de los padres o cuidadores de satisfacer las necesidades emocionales de los niños y brindarles un entorno seguro y amoroso para su desarrollo. Esto implica, nada más y nada menos, que estar presentes para los hijos.
Los pequeños necesitan la atención de los adultos más cercanos. Mantener una relación afectuosa, con gestos de cariño, preocupación y confianza, tiene grandes efectos en la psicoeducación. Las personas adultas debemos servir como ejemplo para los niños, y que sepan que está bien expresar emociones, así como preocuparse por las emociones de los demás.
En resumen, ser responsable afectivamente con los hijos, ayudará a que ellos mismos desarrollen su propia responsabilidad afectiva y emocional.
¿Cómo influye la empatía en la responsabilidad afectiva de los niños y qué papel cumple la educación emocional?
Cuando hablamos de personas con responsabilidad afectiva, sin importar su edad, el insumo fundamental es la empatía. Si un niño puede sentir empatía por los demás, es más probable que desarrolle relaciones afectuosas y respetuosas, y que sea más sensible a las necesidades emocionales de los demás.
Y la herramienta más poderosa para criar niños empáticos… es la educación emocional. Es fundamental para ayudar a los niños a desarrollar aquellas habilidades sociales y emocionales que necesitarán en su día a día. De hecho, la educación emocional puede impartirse desde muy pequeños. Poco a poco, los niños crecerán y deberán poner a prueba su responsabilidad afectiva con amigos y maestros.
¿Cómo podemos ayudar a los niños a comprender y expresar sus emociones de manera saludable?
Como ya mencionamos más arriba, la validación emocional cumple un rol fundamental en la crianza de las emociones. Existen otras estrategias útiles que puedes implementar con los niños de tu entorno. Por ejemplo, para el aprendizaje de la regulación emocional (¡algo sumamente difícil incluso en la adultez!) pueden enseñarse técnicas de relajación, respiración profunda o juegos donde experimenten con sus propias emociones.
Y si, aunque no lo creas, los niños pueden estar muy predispuestos a aprender técnicas de meditación. Se puede comenzar a partir de una simple conversación, o con ayuda de otros elementos como en la pintura, el dibujo o los cuentos.
¿Qué relación existe entre la responsabilidad afectiva y el respeto de límites?
Esto se refiere a establecer límites claros y consistentes para el comportamiento del niño, lo que ayuda a los niños a sentirse seguros y protegidos. Los límites son importantes porque los niños necesitan tener un sentido claro de lo que se espera de ellos y saber cómo comportarse en cual o tal situación.
La puesta de límites indudablemente contribuye a la responsabilidad afectiva. Los niños que crecen en entornos donde se les comunican los límites, poseen luego una comunicación más asertiva de sus propios deseos y en base a un respeto por los límites ajenos, creando relaciones sanas.
¿Cómo podemos establecer límites y enseñar a los niños a respetar los límites emocionales de los demás?
Los límites pueden comenzar a implementarse y enseñarse a muy temprana edad. Algunas recomendaciones son las siguientes:
- Cuando pones límites, puedes también ofrecer alternativas, para que el niño se sienta más empoderado. Por ejemplo, si le dice a un niño que no puede jugar con un juguete peligroso, puede ofrecerle un juguete seguro en su lugar.
- Es importante ser coherente y respetar los límites que se establecen. Si los adultos no sostienen los límites que ellos mismos imponen, los niños pueden sentirse confundidos.
- También podemos modelar el respeto de los límites emocionales de los demás. Podemos hablar sobre nuestras propias necesidades emocionales y establecer límites claros con los demás, para mostrar a los niños cómo es posible hacerlo de manera respetuosa.
¿Cómo podemos abordar los conflictos emocionales que tienen los niños y cómo esto contribuye a su responsabilidad afectiva?
Cuando surgen conflictos emocionales en los niños, es importante validar sus sentimientos en primer lugar. Si sienten enojo, tristeza, vergüenza u otro tipo de emociones, es fundamental enseñarles a ponerle nombre a aquello que sienten: los pequeños suelen confundir el enojo con la tristeza u otras emociones similares.
Además, se les puede enseñar distintas maneras de expresarlas. Por ejemplo, el enojo o la frustración puede demostrarse de forma impulsiva en los niños y por eso es fundamental mostrar otras maneras de comunicarlas.
Poco a poco, los niños y niñas irán aprendiendo a controlar sus emociones, expresarlas e incluso reconocerlas en los demás. Aquí es cuando la responsabilidad afectiva y emocional comienza a cultivarse.
Referencias Bibliográficas
Bisquerra Alzina, R. (2000). Educación emocional y bienestar. Wolters Kluwer.
Fernández-Martínez, A. M., & Montero-García, I. (2016). Aportes para la educación de la Inteligencia Emocional desde la Educación Infantil. Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, 14(1), 53-66.
Gottman, J. (2011). Raising an emotionally intelligent child. Simon and Schuster.

Gabriela Millaman Rickert es estudiante avanzada de la carrera de Psicología de la Universidad Nacional de Mar del Plata (República Argentina).


