Consejos para manejar la ansiedad

Este artículo se actualizó hace:  10 meses ago

Introducción

Hoy en día es moneda corriente escuchar o leer sobre la ansiedad en portales de noticias, redes sociales, conferencias o incluso en aplicaciones. Los psicólogos y otros profesionales de la salud plantean que la ansiedad es la gran problemática de los últimos años, y aún más desde que comenzó la pandemia por covid-19.

chica con ansiedad

Lo cierto es que la ansiedad ha sido conceptualizada hace varias décadas atrás, durante todo el siglo veinte. ¿Por qué la ciencia continúa estudiando este fenómeno que ya tiene alrededor de cien años de desarrollo científico? Porque la ansiedad siempre tiene algo nuevo que enseñarnos y tiene relación con casi todos los ámbitos de la vida de una persona.

¿Alguna vez te preguntaste cómo dejar de sobrepensar? El pensamiento sin control es tan sólo alguno de los efectos de la ansiedad, y es sumamente común hoy en día.

La ansiedad puede ser definida de diversas maneras, según el enfoque teórico que la aborda (Kuaik & De la Iglesia, 2019). En términos generales, los investigadores coinciden en que es multidimensional: es un conjunto de procesos biológicos y psicológicos que se manifiestan cuando la persona se encuentra ante un peligro real o percibido.

Se trata de una reacción fisiológica del cuerpo, que genera una activación del sistema nervioso y produce un estado de alerta que puede ser persistente o terminar en cuanto el peligro se haya ido.

¿Por qué tengo ansiedad?

Casi todas las personas en algún momento de sus vidas se han preguntado “¿por qué siento ansiedad?”. Es importante mencionar que la ansiedad es algo que nos pasa a todos los seres humanos y en niveles moderados puede ser incluso beneficiosa para nuestro rendimiento escolar, laboral, social, etc.

Referentes en el estudio de la ansiedad, como Cattell (1983), evidencian que es producto de la evolución humana. A los humanos de la prehistoria, la ansiedad les ha brindado numerosas ventajas respecto a otras especies. Ha permitido evaluar los riesgos y activar las respuestas de lucha o huida ante amenazas del ambiente.

Sin embargo, aunque la ansiedad sea un mecanismo para adaptarnos, también puede resultar nociva para la salud si no se controla adecuadamente. Muchos jóvenes y adultos se preguntan cómo controlar la ansiedad y los nervios que repercuten negativamente en sus quehaceres diarios.

La ansiedad puede aparecer en muchas situaciones. Como ejemplos más comunes están las entrevistas de trabajo, hablar ante el público, las primeras citas o problemas de la vida diaria. La realidad es que la ansiedad puede manifestarse en todo momento y lugar, pero lo importante es reconocer cuáles son sus síntomas y cuándo deja de ser saludable.

Para saber cómo manejar la ansiedad, el primer paso es saber cómo funciona y qué indicadores existen para determinar si esa ansiedad es una enfermedad.

¿Cuándo la ansiedad es una enfermedad?

Aunque la ansiedad puede resultar dañina en muchas ocasiones, este malestar no siempre alcanza para diagnosticar una enfermedad. Para que sea comprendida como un trastorno o una patología, la ansiedad debe contar con una serie de características. A continuación, trataremos de vislumbrar qué diferencias existen entre las ansiedades.

Ansiedad normal

Como mencionamos anteriormente, cada actividad de la vida diaria exige un nivel de ansiedad moderado, que no genera una molestia significativa. En estos niveles, manejar la ansiedad es algo sencillo.

Las investigaciones de Barlow (2002) y las de Eysenck et. al. (2007) evidencian que la ansiedad denominada como “normal” contribuye a mejorar el rendimiento físico e intelectual. Aumenta la capacidad para resolver problemas y tomar decisiones.

La ansiedad es incluso esperable ante muchas circunstancias. Por ejemplo, un nivel adecuado de ansiedad en medio de un examen puede favorecer a la concentración, la escritura, la creatividad y la capacidad de expresar ideas.

Algunos de sus signos pueden ser sudoración, temblores breves, aumento del ritmo cardíaco, sensación de inquietud, sensación de “no poder dejar de pensar”, dolor de estómago, entre otros.

Ansiedad patológica

Cuando este estado comienza a preocupar en demasía a la persona y no puede controlar la ansiedad, estamos ante una posible ansiedad patológica (Clark & Beck, 2012; Barlow, 2002).

La persona con ansiedad patológica tiene una valoración errónea y exagerada del peligro, que continúa en el tiempo o es recurrente. Cabe mencionar que estas reacciones son sumamente difíciles de evitar y la sensación de vulnerabilidad agrava el cuadro.

En este punto, la ansiedad deja de ser adaptativa y todos esos mecanismos que deberían persistir durante sólo minutos o segundos, se mantienen durante horas. La ansiedad patológica impacta en el funcionamiento cotidiano del individuo, paralizandolo o impidiendo su adecuado rendimiento.

Los signos de la ansiedad normal se profundizan y se producen otros: dolores musculares persistentes, dolores de cabeza, enfermedades gastrointestinales, insomnio, falta de respiración, cansancio o fatiga, conductas impulsivas de violencia, entre otras. La persona comienza a preguntarse ¿por qué tengo ansiedad todo el tiempo?

La ansiedad patológica puede llegar a ser clínicamente significativa y convertirse en un trastorno. Acá es donde se habla de Trastornos de Ansiedad y sus subtipos, delimitados a partir del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V). Estos pueden diferenciarse en Trastorno de Ansiedad por Separación, Fobia Específica, Mutismo Selectivo, Trastorno de Ansiedad Social, Agorafobia, Trastorno de Ansiedad Generalizada y otras (American Psychiatric Association, 2013).

Estrategias para controlar la ansiedad

La habilidad para manejar la ansiedad y los nervios es algo que se aprende con la práctica.

Los psicólogos reciben en sus consultas a personas que se preguntan qué hacer para controlar la ansiedad, y se trabaja para evitar que la ansiedad escale hasta alcanzar niveles perjudiciales o incluso patológicos.

Si bien la ansiedad depende en gran medida de aquellas situaciones que la desencadenan, existen algunos consejos que aplican a todos los contextos. Te describimos tres grandes recomendaciones que te ayudarán.

Aprender a identificar la ansiedad y las emociones

Como ya mencionamos, este es el primer paso. Cuando una persona comienza a sentir que algo no anda bien, es momento de detenerse a pensar en los síntomas: ¿qué siento? ¿dónde lo siento? ¿cómo puedo disminuirlo? ¿por qué siento ansiedad?

Buscar actividades placenteras

Crear momentos de ocio entre todas las presiones de la vida diaria, ha demostrado ser una gran estrategia para mejorar la calidad de vida. Mantenerse ocupado realizando actividades gratificantes evita que se generen estados de parálisis y pensamientos irracionales e incontrolables.

Realizar una consulta psicológica para iniciar tratamiento

La psicoterapia es la herramienta más utilizada para combatir la ansiedad. Abre la posibilidad de estar acompañado, ser comprendido y de generar nuevas habilidades que no creías que podías adquirir, como controlar la ansiedad y tristeza.

No olvides que ante cualquier síntoma psicológico lo ideal es consultar con un profesional de la salud.

La terapia que ha tenido mayor éxito en el tratamiento de la ansiedad es la terapia cognitivo-conductual. A partir de ella se trabaja para que el paciente disminuya los síntomas y pueda construir, de manera autónoma, sus propias estrategias para hacer frente a las situaciones adversas. Una de las técnicas más difundidas hace referencia a la promoción de estrategias de afrontamiento adaptativas (Lazarus & Folkman, 1986).

Nunca es tarde para aprender a manejar la ansiedad.

Importante: Este artículo es exclusivamente informativo. En Psicomentando no diagnosticamos ni recomendamos tratamientos. En caso de que necesites ayuda, consultá con un profesional.

Referencias Bibliográficas

  • American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders. Fifth edition. Washington DC: Author.
  • Barlow, D. (2002). Ansiedad y sus trastornos: La naturaleza y el tratamiento de la ansiedad y el pánico (2 ª ed.). New York: Guilford Press. Nueva York: Guilford Press.
  • Eysenck, M.W, Derakshan, N., Santos, R., & Calvo, M. (2007). Anxiety and cognitive performance: attentional control theory. Emotion, 7(2), 336-353.
  • Cattell, R.B. (1983). La naturaleza y medida de la ansiedad. Estudios de Psicología, 4(16), 47-59.
  • Clark, D.A., & Beck, A.T. (2012). Terapia cognitiva para trastornos de ansiedad: Ciencia y práctica. Bilbao: Descleede Brower.
  • Kuaik, I. D., & De la Iglesia, G. (2019). Ansiedad: revisión y delimitación conceptual. Summa Psicológica UST, 16(1), 42-50.
  • Lazarus, S. & Folkman, S. (1986). Estrés y procesos cognitivos. Barcelona: Martínez Roca.
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